viernes 15 de agosto de 2008

mariana

Hoy comprendí su olor
lo malo
es que ya lo olvidé.

lunes 11 de agosto de 2008

Capítulo 68 de Rayuela - Julio Cortázar

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

miércoles 6 de agosto de 2008

confesiones de una paciente psiquiátrica

la cama está alta o yo me estoy achicando?

martes 29 de julio de 2008

koto song y también tú

no consigo el dormir. sin embargo doy todas las páginas a los sobres por un solo sueño. he dormido a la luz de la nieve y de los tigres. preguntas por mí y yo te miro y no sé responder. no consigo hilar el bosque ni mucho menos ese recuerdo que quisiera poder borrar o pedir por tí y dejar mis botas sobre esa estatua. quiero prenderle fuego a este lugar y robar todo lo que he podido dejarte. existe el error gramático en mi nombre? o es la bocanada mínima que necesito para vivir? al frente de tu espaldar calco lo sustancial de tu olor y clavo los recuerdos en el aire (absolutamente todos) es la presión del agua que me hace sumergir y llorar sin darme cuenta, es el olor del agua o la mirada antes de destruirse este dolor. produzco los frutos de mi olvido, la sandía, la manzana y qué más es el olvido que este buzón oxidado entre la cuarta o tercera parte de un zapato. el agua nos cubre las cabezas y entonces cierro los ojos y dejo de verte. es un error abrir la puerta al mar. las ventanas nos cubren después de las dos y si mañana despierto, también despiértate y despiértame. es exactamente la palabra que necesito y descartar las cartas que nunca llegaron. oprime el número dos, pierdeme y dame el beso que no reuna ninguna característica. ponme olor en los labios o la saliva en la oreja. escucho tus pasos a través de mil cuadras a la redonda. puedo y no puedo dejar de ser yo. ser un cielo cerrado de estrellas o levantar la vista y mirarte con mis cejas descubiertas a las estrellas de un río. sé que produces lluvia cada ciertos días en los que me olvido de tí, que tus manos se enfrian de muerte y tu naríz congelada no ha sabido cómo llorar o buscarme al mismo tiempo y cerrar ese piano de higo. resto parte de la letra advirtiendo que no sé cómo acabar esto, ni sé cómo empecé, sin antes pedirte perdón.

lunes 28 de julio de 2008

Lautréamont

Esos ojos no te pertenecen...
¿de dónde los has tomado?

martes 22 de julio de 2008

qué haras?


qué esperan tus ojos para afrontarme
o el sucio recuadro que se creía del amor
entre la técnica insoslayable que pretendo
haré posible

y el gravamen largo que opina tu boca
como el recobrar tus días
y también tus noches

y te pregunto: qué harás?
cuando mi cuerpo quede vacío
y de pronto las larvas me fecunden
o un lagarto coloque piedras sobre mi rostro

cuando el hollín de mis dedos
no te pinte la cara
o mi facultad de verte
quede olvidada por la muerte

qué harás cuando mis labios no canten
cuando mi boca obstruida por el beso
esté por fin callada?

qué harás los domingos
y todos los miércoles
en que empezamos el amor?

qué harás cuando me olvides
y yo no te haya olvidado?

viernes 18 de julio de 2008

Serenata - Jorge Eduardo Eielson

El dulce Caco clama entre sus joyas, sus amores y sus heces.
Quieto animal de hastío: cubridlo de rocío;
Mansa mujer que atraviesas su cuerpo dormido:
Tended vuestro armiño, vuestro cabello, apaciguad su sangre.
Dormido así, su vida es sólo baba y olvido,
Y viento que abriga y perdona, económico y dulce.
De su bolsillo emergen conos de frutas y pescado,
Y un saxofón perdido, como una ola de oro,
Salpica su corazón, sin despertarlo. Deber tuyo es,
Mujer vestida de iguana, arrodillarte y decirle:
Bendito seas, amor mío, por luminoso e imbécil,
Por desordenado y triste, porque te comes las uñas,
Y los piojos y los lirios de tu santa axila,
Y amaneces como un loco sentado en una copa.
Bendito seas, amor mío, que nunca has llorado;
Bello rostro agusanado y borrado antes del beso,
Después del poema, el canto y la pura blasfemia.
Bendito seas, amor mío, por tener huesos y sangre,
Y una cabeza pálida y soberbia, partida por el rayo;
Y por no estar jamás ni en triunfo ni en derrota,
Sino amarrado como un tigre a mis cabellos y mis uñas.
Bendito seas por gruñón, por delicado y estúpido,
Por no tener infierno ni cielo conocido, ni muerte,
Ni vida, ni hambre ni comida, ni salud ni lepra;
Medusa de tristes orgías, de penas jubilosas,
De torpes esmeraldas en la frente, y bosques
De cabellos devorados por el viento,
Vacíos de sesos, de corazón, de instestinos y de sexo.
Bendito seas, amor mío, por todo esto y por nada,
Por miserable y divino, por vivir entre las rosas
Y atisbar por el ojo de la cerradura cuando alguien se desnuda.
Viva sombra destructora de mejillas y de espejos,
Ladrón de uvas, rapazuelo, dios de los naipes y la ropa sucia;
Dulce Caco de celestes dedos y cuernos de hierro,
Señor del vino, que me matas con dagas de heliotropo.
Bendito seas, labios de gusano, cascada de avena,
Por poderoso e idiota, por no tener hijos ni padres,
Ni barbas ni senos, ni pies ni cabeza, ni hocico ni corola,
Sino un ramo triste de botones sobre el pecho.
Bendito seas, amor mío, por todo esto y por nada,
Bendito seas, amor yo me arrodillo, bendito seas.